7.3.08

atravesando iberia 3 .daisy.

Abrió la puerta una vieja. Por como se modificó la expresión de su cara al mencionar el nombre Fernando supe que era la madre de su ex mujer. Intenté explicarle a esta anciana que tenía la furgoneta llena de cajas de su ex yerno y que yo nada tenía que ver con el hecho que él hubiera abandonado a su hija y a sus nietas, hace ya varios años. Cuando terminé de hablar comenzó hacerlo ella. Me pareció injusto que habiendo manejado semejante vehículo durante 9 horas, atravesando dos países, lo único que repitiera fuera

- Fora da aquí!


Mi vecina me miraba, desde arriba de la Iveco, levantando sus hombros como si ella no estuviera vinculada en lo más mínimo. Hasta creo que en un momento la vi reirse de mi situación. Riéndose se parecía aun menos a la mulatona. Entendiendo que con la abuela no lograría nada, comencé a ignorarla aplaudiendo; implorando hubiera alguien más adentro de esa casa.


La puerta se volvió a abrir. Apareció una adolescente. Tenía rasgos muy parecidos al hombre que abrazaba a mi vecina en una foto que me había mostrado ella una tarde que fui a visitarla. Estaban los dos abrazados frente al acueducto se Segovia. Ella sonreía. Tenía puesto un sombrero rojo y una remera de Daisy, la novia del pato Donald. A él se lo notaba un poco incómodo, como añorando que pasase rápido ese momento. Quizás le habían pedido a un transeúnte que les sacara la foto y mientras éste lo hacía, a Fernando le pareció que el ocasional fotógrafo tal vez era un policía portugués, también de vacaciones en Segovia. Pensé que en esa foto no había notado lo de su pata de palo. Era un plano muy general.

La adolescente le pidió a su abuela que se tranquilizara, que la dejara hablar conmigo, que por favor se volviera a la casa. La vieja dio media vuelta pero frenó en la puerta de entrada, agarrándose del marco, observando todo desde allí. Sus ojos estaban casi tan rojos como los de mi vecina. La adolescente escuchó atentamente las cuatro o cinco oraciones que justificaban que hacía yo ahí, en la camioneta de su papá. Cuando terminé de hablar me miró, con sus ojitos ahogados en nostalgia, y me preguntó algo que bien no entendí pero que supe que significaba donde está mi papá. Hubo dos segundos de silencio en los que pensé que bien que hubieran encajado esos sonidos de búhos o grillos que suenan en las películas para hacer más obvios y absurdos los silencios. Sólo se me ocurrió decir:

- Eu nao tein certeza...

La nena se mostró inmune a mi respuesta, sus ojos no habían perdido el brillo que sólo da la esperanza. Movilizado por ese brillo y también ya intrigado por saber donde carajo estaba este Fernando me fui a preguntárselo a mi vecina, que parecía estar ahí para hacerme el aguante a mí. Mi copilota me explicó de su paradero y mientras me daba vuelta rumbo a la adolescente pensando cómo demonios iba a decirle que su papá estaba en una prisión de Badajoz, esperando que lo deportaran a una de Lisboa, me anticipó ella preguntándome si estaba en la misma cárcel que la vez pasada. No tenía idea de que cárcel hablaba. Intenté imaginarme una cárcel europea y me vinieron muchas imágenes de películas de cárceles. Sueño de libertad, por ejemplo. Después me di cuenta que todas las cárceles de las películas que había visto eran yanquis pero concluí que seguramente las europeas serían parecidas. La nena seguía esperando mi respuesta, y se la di moviendo la cabeza de arriba a abajo.


La abuela refunfuñaba desde el pórtico de la casa y decía cosas que ni un paulista entendería. Debía tener más de 90 años. Me acordé de mi abuela e intenté recordar su edad. Me sentí culpable al no lograrlo pero evacué ese pensamiento rápido al imaginármelas conversando juntas, sobre el clima. Volví a mirarla. No quitaba su mirada llena de odio hacia mi vecina que observaba desde arriba de la furgoneta como yo y la nieta bajábamos unas cajas que contenían vaya uno a saber qué.

1 comentario:

g dijo...

j.c , te extraño...

raro?

y que se yo, si los cascarudo tambien se convirtieran en mariposas todo seria diferente entre el cielo y el mar...

Parece que hay paro de colectivos, me guarde los cospeles abajo de mi cama, haceme acordar, los tiene la luna.