19.6.08

Las gaviotas quieren conquistar el mundo. Parte 12.


Me estás vacilando?



Gilipollas…
Me acuerdo que la primera vez que escuché ese insulto fue viendo una película de Almodóvar. Atame, creo. En ese entonces me daba mucha gracia la palabra. Las primeras veces que la escuché decir, apenas llegué a España, no podía evitar sonreírme. Algunos me preguntaban:

- De qué te ríes?
- De nada…
- Cómo que de nada? Si veo que te estás riendo cabrón; dime por qué?
- Por gilipollas…
- Pues eso está claro, pero por qué motivo? Joder...
- Por eso, no porque yo sea un gilipollas sino por la palabra en sí. Por su significado, no por su significante.
- Vaya que eres raro, chaval…

También me sorprendía mucho que Caterina utilizara tanto lunfardo español, siendo italiana.

- Cómo es que sabés más insultos españoles que yo?
- Mi padre era vasco. Vivía en Pamplona, pero se tuvo que ir a vivir a Italia y allí nací yo.
- Se “tuvo” que ir a vivir?

- Si.
- Ah…
- Ah, qué?
- Nada, nada.


De repente, los violentos rasguidos de guitarra y los chillidos del gordo cesaron; también el repiqueteo seco y duro del cajón peruano. Se escucharon unos cuantos aplausos, dispersos. El dúo, que en algún momento de la noche parecía haber tenido cierto protagonismo, había pasado a un segundo, tercer plano. Música de fondo. En vivo, pero de fondo al fin.

- Mi padre nunca aprendió el italiano. Trabajaba de estibador en el puerto de Trieste y allí conoció a mi madre un día que ella fue a comprar pescado fresco. Ella no hablaba español; pero se entendían. En español, claro; no en vasco.
- …
- Y fue así que aprendí a hablar yo, oyendo a mi padre quien decía muchas guarradas, todo el tiempo. Yo quería ir a estudiar a Pamplona, pero mi madre me dijo que era mejor que no, por mi apellido.
- Por tu apellido?
- Sí, por mi apellido…

- Ah…
- Ah, qué?

- Nada, nada
- …

- ...
- Te apetece fumar?
- Yo no fumo

- Má una cana; un spinelli…
- Un qué?
- Un porro, capullo!


Salimos del bar y, sin darnos cuenta, retomamos la misma ruta de la noche anterior, cuando me había dicho lo de las gaviotas. Parecía como si eso hubiera pasado el verano pasado, como cuando Sabina vuelve a buscar a su chica al bar y no la encuentra. El recorrido era el mismo: el puente-avenida, los paneles anti suicidas, la catedral como un palacio. Atravesamos una plaza desolada, al fondo había unas hamacas.

- Vamos a sentarnos allá?
- Allá donde?
- Allá, a las hamacas…

- Hamacas? Me estás vacilando?


“A mi esa chica me vacila”, me acordé que decía una canción del Puma Rodríguez. Qué quería decir el Puma con eso? qué quería decir Caterina cuando me preguntaba si la estaba vacilando? En el videoclip de la canción, el Puma usaba un saco rojo con hombreras y estaba rodeado de chicas mucho más jóvenes que él, que bailaban a su alrededor y cada vez que venía el estribillo el Puma señalaba a una diferente, indicando que esa era la que lo vacilaba.

- Pues lo que yo veo allí son columpios, no hamacas. Las hamacas son de tela, cuelgan de postes y uno se acuesta adentro.
- Esas son las hamacas paraguayas.
- Paraguayas?
- Sí, paraguayas.
- Ajá, y por qué paraguayas?


Una sola vez había estado en Paraguay. En Ciudad de Este, junto a la frontera. Habíamos ido a las Cataratas del Iguazú con mi familia y aprovechamos para cruzar la frontera y comprar el Atari que tanto queríamos con mi hermano. Recuerdo que había muchísimas motos en las calles, puestos ambulantes de electrónica, un olor que nunca había percibido antes pero que ya no me acuerdo como era. No vi ni una hamaca.

- Bueno, a los columpios. Vamos?

Ella se sentó en la hamaca de la punta y yo en la de al lado. Fumábamos en silencio, meciéndonos apenas; los pies colgando, apenas tocando el suelo. Al frente, las luces de la catedral eran tan potentes que opacaban cualquier otra lámpara. Un fuerte aleteo sonó sobre nosotros. Casi coreográficamente, levantamos nuestras cabezas y miramos la copa del árbol que nos hacía de techo. Las luces de la catedral no traspasaban el tupido follaje del árbol.

- Quizás sea una gaviota…
- Quizás...
- Apropósito, como es el tema ese de las gaviotas imperialistas?


2 comentarios:

belenchus! dijo...

Usted me esta vacilando!!!!!

Bien pumesco el escrito, y del buen modo, me encanto especialmente el juego de palabras que sucede tanto en argentina, porque somos una mezcla de paises, una desendencia interminable de barcos y flotas imperiales.

Me encanto,


keep on rockin` on the free world!

b.zzz.t dijo...

compañeros!! no a la oligarquia del columpio!!
las hamacas son hamacas!!!
y las hamacas paraguayas...son hamacas... y son paraguayas, carajo!!!!
compañeros!!...a ver,tranquilos ahi abajo, les pido compañeros... pasemos una velada tranquilos, no nos vacilemos entre nosotros, compañeros!!... y como dijo el gral, que el seño lo tenga en la gloria: con hombreras y saco rojo, ganamo en todo lao!!. salut! y Mucha gracia!!!