18.6.06

60 céntimos

10:45 a 21:30. Ése es mi horario laboral de los domingos. Domingos como hoy. Una hora y media para comer. Hora y media en la que decidí ir hasta la Puerta del Sol a visitar a mi amigo Renato que trabaja allí, en un bar de kebaps. Eran las 2 por lo que el lugar estallaba de gente. Mi amigo obvió las personas que estaba atendiendo para saludarme con un abrazo, preguntándome:
- Tiene hambrecita juanchi?
Es que mi ayuno será tan gráfico? pensé. 3 minutos más tarde tenía entre mis manos el kebap más grande de Madrid. Me senté a comer pero había demasiada gente y calor ahí dentro por lo que decidí dejar mis cosas y salir afuera; sentarme en el cordón de la vereda, con el sol en la cara, a almorzar. Al bar no paraba de entrar gente y me puse a analizar porque en Argentina algo tan maravilloso como el kebap no tenía éxito y sí las empanadas árabes, y viceversa. Funcionaría un bar de kebaps en Córdoba? Nombres posibles? “Que Kebap!” “El Kebapazononón”. “Ke bap a comé?”

Pasó un grupo de japoneses, cada uno con su religiosa nikon colgando. Siempre juntos, como niños de jardín que van de excursión al zoológico. Los miré con una mezcla de nostalgia y ternura. Pensé en decirles algo. "- Atsui des ne!" podría ser un oportunísimo comentario. Luego me imaginé en Tokio caminando por Asakusa y que alguien me decía, desde el cordón de la vereda, comiendo un kebap: "- Que calor que hace!" Que idiota... pensaría yo. Aparte si odio que me hagan comentarios sobre el clima, si sufro en cada ascensor temiendo que alguien diga: “- Parece que llueve…” Por qué habría yo de convertirme en uno de ellos? Me quedé callado.

Veo a un pibe salir del bar de mi amigo Renato. El bar se podría llamar “El rey del kebap”, pero no, no se llama así; se llama "Maoz" y tiene hasta su propia estética corporativa. El logo se repite en las servilletas, en los vasos. El chico que sale de Maoz abre una Coca Cola mientras comienza a caminar por la vereda, a metros míos. Ya terminé mi kebap, ya no hay japoneses así que ahora miro al chico que sale del bar con una gaseosa en la mano. Pienso que no es muy vivo porque un par de tiendas más adelante hay un kiosko de un chino donde esa Coca que ahora abre le hubiera salido 60 céntimos y no 1,50 como en Maoz. Que raro. De la mano que no lleva la gaseosa cuelga un bolso, un bolso que me resulta familiar. Mi bolso. El chico camina cada vez más rápido, mira a su alrededor asustado, intentando esconder el bolso, mi bolso. Cámara de fotos, discman, prosa completa de alejandra pizarnik, abono de transporte B1, bitácora, pen drive, diábolo… Por favor que alguien detenga a ese chico que junto con una Coca Cola se está llevando mi vida.

No sé cómo tuve la lucidez necesaria para no gritarle y que así se escapara con y de mi vida, para siempre. Sin que lo advirtiera, corrí tras él con una velocidad la cual ojalá hubiera tenido en los cien metros llanos del secundario. No ofreció resistencia. Para ese entonces, que los dos ya habíamos caído al piso, los testigos eras muchos; quizás hasta hubiera algún japonés que nos sacó una foto, foto que tal vez en unos meses decore alguna muestra en Yokohama bajo el título “Chico feliz que recupera su bolso en Madrid”
Por favor déjame ir… decía casi sollozando, no me di cuenta, perdona…
No me di cuenta, perdona? No me di cuenta de que te estaba robando el bolso? pensaba yo. Miré a mis 360°, ni un puto policía. Para palparme de arriba a abajo como la semana pasada, para hacerme sacar las zapatillas y revisar si tengo opio bajo las plantillas, para eso sí están, para esto no. A las súplicas ahora las acompañaban lágrimas. No puedo creer que me dio lástima. Pensé que si yo había tenido suerte en descubrirlo, él la tenía por no haber ningún policía alrededor. En cierta forma, éramos dos suertudos. Los curiosos alrededor ya eran demasiados y no me interesaba ser michael douglas en “Un día de furia”. Le solté la camisa y corrió. Uno de los curiosos gritó que debería haberlo golpeado, que por cagones como yo los cacos siguen robando en los bares. En el piso quedó la lata de gaseosa abollada y un charco oscuro al lado.

1 comentario:

Juana (quir-k) dijo...

vos tenes mas suerte.
¡¿como vas a dejar el bolso adentro?!
chuncano!!