5.12.08

Las gaviotas quieren conquistar el mundo. Parte 14.


Qué hay en Santander?

al Colo y Vero




Me desperté pensando en el sueño. Me dieron ganas de escuchar Led Zeppelín, hacía mucho que no lo hacía. Aún así pensé que era raro lo que me pasaba con esa banda; que a pesar de reconocer su incuestionable influencia en la historia del rock, no podía escuchar un disco entero. Pensé que tal vez a los miembros de Supertramp les pasaba lo mismo y por eso hacían la música que hacían, la que le gustaba a los gatos de Caterina.


También pensé que esa llamada a su celular la noche anterior había cambiado las cosas y que lo que menos quería era meterme en quilombos al pedo. Sin levantarme de la cama me estiré hasta alcanzar la notebook y busqué, en vano, “Starway to Heaven”. Puse un disco de Stone Roses y me levanté. Mientras calentaba el café recordaba fragmentos del sueño. Navarro Montoya, el padre de Caterina, vestido de traje, persignándose con los guantes de arquero puestos. Me reía solo. Mientras me sentaba a tomar el café me pensé que capaz era mejor dejar todo ahí; que ya era hora de buscarme un laburo, de dejar de hacerme el Joaquín Sabina por las calles de Madrid.

Decidí concentrarme en la búsqueda de trabajo entonces; tenías ganas de conocer más gente y eso también me ayudaría a sacarme de la cabeza a esta italiana de una buena vez. Ya hacía más de dos semanas que había llegado a España y desde Córdoba ya me empezaban a preguntar que onda el laburo. Mandé mi currículum a cuanta oferta laboral de periodismo, publicidad, marketing o comunicación institucional hubiera en todo el territorio español. Me inscribía en ofertas en Valencia, Pamplona, La Coruña, Barcelona, hasta una en Canarias. Me pasaba los días en un cyber a la vuelta de mi departamento. Tenía cuatro versiones de mi currículum, adaptado para diferentes puestos. Los trabajos en comunicación eran pocos y los flamantes egresados en periodismo, muchos.


Lo que sí había eran ofertas en hotelería, gastronomía, tiendas, call centers; de éstas había miles. En el asado de despedida que me hizo mi familia me había acercado a la parrilla mientras mi hermano trenzaba los chinchulines. Lo miraba cada vez que lo hacía, pero nunca lograba aprender la técnica.

- Teneme acá porfa…
- Adonde?
- Acá en la punta, que sino se escapa todo el relleno.
- Qué relleno, boludo? eso es mierda, pasa que todavía no llegó al culo.
- Bien que te gusta, pajero…

Los dos nos reímos y después hubo un silencio un poco incómodo. En la casa se escuchaban los gritos de mis sobrinos jugando a las escondidas y al lado nuestro explotaban algunas chispas en el fuego.

- No sé para que te vas a España, la verdad… o sea, todo bien, respeto tu decisión, pero no la comparto. Si acá tenés todo…
- Ya te lo expliqué, man… No me voy buscando algo que no tenga acá, simplemente tengo ganas de conocer otras cosas, otra gente, otros lugares....
- Y qué vas a hacer allá? de qué vas a laburar?
- No sé, me acabo de recibir… Vos sos licenciado en administración de empresas, no? Bueno, yo en ciencias de la comunicación. Algo tengo que enganchar…
- Vas a ver que allá vas a hacer lo que no querés hacer acá y eso… eso es injusto con tu país y, más que nada, con vos mismo. Vas a terminar lavando copas o en un call center, vas a ver…

Era demasiado temprano para darle la razón a mi hermano. Me negaba a clickear en las decenas de ofertas que entraban en mi casilla: “auxiliar de gastronomía”, “operador para telemarketing”. Todavía era optimista; si hasta me había llevado en la valija, el diploma universitario original -homologado por la cancillería- que certificaba mi licenciatura.

Salía del cyber de mandar un mail para un puesto de redactor de música y cine para un importante portal web cuando empezó a vibrar mi celular en el bolsillo. Me ilusioné. Podía ser que mi currículum les gustase tanto que me llamaban tan rápido para la entrevista personal? Tosí forzadamente para aclarar mi garganta mientras abría mi celular. Caterina calling. Porqué decía “calling” si el el menú del celular estaba configurado en español. Estaba seguro de eso, 100%. Nunca había visto ni una palabra en inglés en el display. En España se traduce todo. El “Puerto Azul” por Bluetooth me parecía el ejemplo más gráfico, y cómico. Dije hola, entre disimuladas risas.

- Pero vaya, que contento estás tío, que bueno oírte así. Con quién estás?
- Jeje, estoy solo.
- Solo? Y de qué te ríes?
- Del Puerto Azul…
- Pero de qué puerto me estás hablando?
- Nada, nada… Qué hacés?

Mientras me sentaba en las escaleras del cyber, me contó que estaba arriba de un bus, rumbo a Santander. Me acordé del bajista de Metallica, el cable de la grúa cortándose, el ómnibus volviendo a caer sobre su cuerpo.

- ¿Santander? ¿Qué hay en Santander?
- Todavía no lo sé... espero averiguarlo al llegar. Y tú qué? No tienes planes para el fin de semana?

Como no trabajaba no me había dado cuenta que era viernes.

- Yo me voy a Barcelona…

No sé porque dije eso. Se me cruzó por la cabeza y lo dije, automáticamente, sin someterlo a un análisis. Esa mañana había visto un aviso para un puesto como ayudante de producción en una agencia de publicidad en Barcelona y había mandado mi currículum, como 489 personas más.

- ¿A Barcelona? ¿A vivir?
- Quizás… me han ofrecido un puesto de productor en una agencia de publicidad allá y lo estoy considerando. Igual sería el mes que viene, pero primero quiero conocer la ciudad. No sé si tengo muchas ganas de irme de Madrid todavía, pero al mismo tiempo me ilusiona la idea de vivir junto al mar...
- Claro, te entiendo. Salúdalo de mi parte, quieres?
- Que lo salude? Al mar?
- Sí, de mi parte. .
- Pero vos también lo podés saludar, en Santander hay playa.
- Pero es el Cantábrico, no es lo mismo que el Mediterráneo, mi mar.
- Tu mar?
- Sí. Mío. Salúdalo, vale?
- Dale.
- Y no te quedes mucho tiempo allí que Barcelona es la ostia y no vas a querer regresar. Yo vuelvo el lunes y te llamo…

Me despedí lo menos efusivamente posible y guardé el teléfono en mi bolsillo. Me paré y miré al cielo. Nubes oscuras cubrían casi todo, pero no estaba seguro si eran de lluvia o estaban oscuras porque ya era casi de noche. Decidí ir a casa a ver alguna película en la tele con mi tío. En Antena 3 pasaban “Caballos Salvajes”. A mi tío le encanta ver películas argentinas, se emociona mucho. A veces se hace el boludo pero yo me doy cuenta que llora. En el programa que la pasaban la presentaron como “un hito en el cine argentino de los noventa”. Me quedé dormido antes que Alterio gritara en el acantilado eso tan cursi sobre la vida.




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3 comentarios:

b.zzz.t dijo...

lo bueno sera que termines vendiendo discos en un fnac!!! nos juntamos en el traveling esta noche hmano...

Javier Martínez Ramacciotti dijo...

A ser sincero: no releí los demás capítulos para éste, aunque retenía fragmentos.

Fragmentos. Como los de esta narración. Fragmentos de fragmentos, una memoria desgarrada que pivotea de una lado a otro.

Viajar no siempre implica moverse.

En cierto momento, casi al terminar el texto, me dieron ganas de cerrar los ojos. Y buscar una escalera al cielo. O a cualquier otra parte que no sea la vida.
Alterio boludo! Con eso de que vale la pena...

P.d: "Stairway to heaven"
Con ese tema de fondo, tuve una de las experiencias más particulares e interesantes. En algunos poemas sueltos se deja entrever.

jc dijo...

bzt: dale, ahi nos vemos. y de ahí al candela, no te olvides. nos espera el antony kiedis bonsai...

jmr: un orgullo compartir la escalera. más allá de la ironía, se agradece cada una de sus palabras sr great. le ruego marca personal q me interesa su opinión.